Hay gases que engrandecen la vida de los hombres.
Imágenes repetitivas, montaje excesivamente epiléptico, música siempre climática y agotadora… Dovzhenko no llega al nivel de Pudovkin o Eiseinstein, pero tiene destellos de genialidad.
Arsenal, 1928.
Hay gases que engrandecen la vida de los hombres.
Imágenes repetitivas, montaje excesivamente epiléptico, música siempre climática y agotadora… Dovzhenko no llega al nivel de Pudovkin o Eiseinstein, pero tiene destellos de genialidad.
Arsenal, 1928.