Película tremendamenta envejecida, pero revolucionaria en su día, al demostrar que el miedo más terrible no se desliza por la el gore viscoso ni se encuentra en los tramposos recursos que lastran muchas veces el género, sino que penetra en el alma a través de al imaginación: un silencioso paseo por el bosque puede ser más estremecedor que un brazo arrancado de cuajo.
Yo anduve con un zombie (I Walked With a Zombie), 1943.