Jodidamente extraña. Personajes insatisfechos que bailan al son de mortales choques de automóviles. Miradas, silencios y sexo sin contenido, más propio de robots que de humanos, sin sentido, sólo hay placer mediante chatarra y cuerpos mutilados.
Y esa es su mayor virtud: el vacío. Mi favorita de Cronenberg.
Crash, 1996.